More servicesWindows Live
HomeHotmailSpacesOneCare
 
MSN
Sign in
 
 
Spaces home  Espacio de BeatrizPhotosProfileFriendsMore Tools Explore the Spaces community

Espacio de Beatriz

View space
JUAN CARLOS

Filosofía. Beauvoir (citas en francés)

EL SEGUNDO SEXO

 

« Le rapport immédiat, naturel, nécessaire,

de l’home à l’homme est le rapport de l’homme à la femme »

Marx

 

 

El libro de Simone de Beauvoir El segundo sexo intenta responder a la pregunta: “qu'est-ce qu'une femme ?  (p.16.I).

Nacida en París en 1908 en el seno de una familia burguesa acomodada de la sociedad parisina, había sido una joven brillante – su padre solía decir que tenía “la inteligencia de un hombre”- . Tras estudiar filosofía en la Sorbona conoce a Jean Paul Sartre con el que mantiene una relación sentimental que durará el resto de sus vidas.

Según Nuria Varela, “cuando la filósofa francesa publicó este libro, en 1949, ni se consideraba feminista, ni albergaba ninguna intención política ni reivindicativa con él”[1]. En ese momento ya era una mujer reconocida como filósofa y como escritora.

Beauvoir, adoptando el principio de la moral existencialista : “tout  sujet se pose concrètement à travers une transcendance; il n’accomplit sa liberté que par son perpétuel dépassement vers d’autres libertés; il n’y a d’autre justification de l’existence présente que son expansion vers un avenir indéfiniment ouvert (p.31.I), y viendo que el drama de la mujer: “c’est le conflit entre la revendication fondamentale de tout sujet qui se pose toujours comme essentiel et les exigences d’une situation qui la constitue comme inessentielle(p.31.I), se interroga sobre las posibilidades dadas a las mujeres para desarrollarse como personas, como seres humanos, qué circunstancias limitan su libertad y si pueden o no superarlas. Para ello, estudia la historia de la mujer, cómo ha sido concebida, en qué situación se encuentra, su evolución histórica, y los procesos para mejorar su libertad y su vida. Pasa revista de manera exhaustiva, erudita, lógica y racional, armándose de mil ejemplos y citas, las razones que pueden explicar el origen de esta discriminación sexual universal y transhistórica.

Para ella el arquetipo estereotipado de mujer (coqueta, frívola, caprichosa,..) que se da en la sociedad del momento, es fruto de la construcción cultural que ha desarrollado la sociedad a lo largo de la historia. Establece que la mujer siempre se ha encontrado en situación de servilismo a lo largo de las épocas como madre, esposa, hija, sin llegar a tener una verdadera concepción ni una identidad propia de mujer.

Este libro será una de las obras filosóficas más importantes del siglo XX y pondrá el punto de partida de un nuevo feminismo combativo que intentará desarrollar sus propias identidades.

El ingenio de la estructura del ensayo debe ser puesta de relieve, ya que Beauvoir consigue, en un libro que consta de dos tomos (“ Les faits et les mythes” y “L’expérience vécue”),  realizar un vuelo global pero completo de la situación de la mujer, desde aquellos hombres que arrastraban a la mujer por los pelos hasta el final de los años 40. Es tan completo que según Nuria Varela “para Celia Amorós, buena parte del feminismo de la segunda mitad del siglo XX, o todo, puede ser considerado comentarios o notas a pie de página de Le Deuxième Sexe y para Teresa López Pardina este famoso ensayo marca un hito en la historia de la teoría feminista”.[2] Y esto por dos razones: vuelve a poner en pie el feminismo después de la Segunda Guerra Mundial y porque es el estudio más completo de cuantos se han escrito sobre la mujer.

Es importante subrayar que cuando Beauvoir escribe este libro el feminismo estaba desarticulado. La consecución del derecho a voto, la aparente igualdad de derechos sociales de mujeres y hombre y la organización de movimientos feministas en todo el mundo habían llevado al feminismo a una situación de conformismo y estancamiento durante mas de 30 años. Parecía que el feminismo ya no tenía razón de ser. Y quizás en esto radique su fuerza. Beauvoir no reivindica, sólo interpreta, descifra, explica, describe, y todo ello sin pausas. Por ello quizás en Francia no fue inmediatamente reconocido hasta que lo descubrieron en Norteamérica. Y fue en ese momento, cuando entusiasmó a miles de feministas norteamericanas, que el libro alcanzó toda su importancia dentro del movimiento feminista e hizo feminista a su autora.

Como hemos dicho, su obra se estructura en dos volúmenes. En el primero se propone pasar revista a puntos de vista desde ángulos de la biología, el psicoanálisis, el materialismo histórico, que han constituido la « réalité féminine » y la figura del Otro y cuáles han sido las consecuencias del punto de vista de los hombres. Hace un recorrido por la historia de Occidente, partiendo de que "ce monde a toujours appartenu aux mâles" (p.109.I), y por los mitos de la cultura. Pero Simone no se limita a realizar una compilación: restablece “los hechos”, separándolos de los preconceptos. Su conclusión es que no existe nada biológico ni natural que explique la subordinación de las mujeres, lo que ha ocurrido es que se ha dado más valor a quienes arriesgan la vida que a quienes la dan: "ce n'est pas en donnant la vie, c'est en risquant sa vie que l'homme s'élève au-dessus de l'animal ; c'est pourquoi dans l'humanité la supériorité est accordée non au sexe qui engendre mais à celui qui tue." (pg.113. I). La fecundidad de la mujer le ha impedido participar activamente en el aumento de los recursos al tiempo que creaba nuevas necesidades. Así : “par l’invention de l’outil, l’entretien de la vie est devenu pour l’homme activité et projet tandis que dans la maternité la femme demeurait rivée à son corps, comme un animal” (p.115.I).

Si en el primer tomo Simone de Beauvoir deconstruye los grandes discursos occidentales para analizar qué es la mujer, en el segundo tomo, "L’experience vécue", hace una reconstrucción de cómo viven las mujeres su condición de oprimidas. "L’experience vécue" se elabora con diferentes materiales de mujeres, tales como diarios, testimonios directos, historiales clínicos, y analiza cómo se ha estructurado social y culturalmente la situación de opresión que viven las mujeres reales y concretas de la sociedad.

Este segundo volumen se estructura en cuatro partes. En primer lugar, su formación: en la infancia, en la adolescencia, en la juventud y en la iniciación sexual, todo parece organizado para ahondar aún más en la zanja natural que la separa del hombre, para transformar diferencias en desigualdad, y esta desigualdad en inferioridad. A continuación, su situación: describe a la mujer en el matrimonio, con sus tradiciones, sus consecuencias; en la maternidad; en la prostitución, en la sociedad; y en la vejez.

Para finalizar indica las diferentes vías que tienen las mujeres para salir de esta situación de alienación. Así pues, por una parte, expone los modos a través de los cuales se tipifica a la mujer dentro de los estereotipos de narcisista, mística y/o enamorada. Formas, todas ellas, consideradas por esta autora como "salidas ilegítimas", al no afirmar a la mujer como un sujeto trascendente. Y, por otra, en la cuarta y última parte de su obra titulada "Hacia la liberación", especifica las dos únicas "salidas" consideradas válidas. Una salida basada fundamentalmente en la independencia económica como condición de posibilidad de toda independencia legal, social, cultural. Y una segunda salida que debe ir unida a la lucha colectiva, es decir, el grupo de mujeres ha de tomar conciencia de su opresión como única posibilidad para la emancipación individual.

Este libro recoge buena parte de los temas que el feminismo trabajará desde entonces y hasta la actualidad. Las dos tesis principales que sobresalen en Le Deuxième sexe son, hoy en día, de gran importancia en el campo de la mujer y el género.

La primera, la alteridad de las mujeres, es la más original. Beauvoir demuestra cómo la mujer “est l’autre au cœur d’une totalité dont les deux termes sont nécessaires l’un à l’autre” (p.20.I). La desigualdad de los sexos se expresa no sólo por una jerarquía: lo masculino, además de predominar sobre lo femenino, constituye la norma. Esta forma de concebir la situación de las mujeres va más allá de la discriminación. La primacía masculina es total, un predominio tan hegemónico e inconsciente que las propias mujeres lo han aceptado sin darse cuenta. Ainsi, la femme ne se revendique pas comme sujet parce qu’elle n’en a pas les moyens concrets, parce qu’elle éprouve le lien nécessaire qui la rattache à l’homme sans en poser la réciprocité, et parce que souvent elle se complaît dans son rôle d’Autre ”  (p.21.I). Y es tal la dependencia que llega a decir: “L’humanité est mâle et l’homme définit la femme non en soi mais relativement à lui; elle n’est pas considérée comme un être autonome. (…)Il est le Sujet, il est l’Absolut: elle est l’Autre”(p.15.I). Las mujeres son consideradas otras por los hombres sin connotación de reciprocidad, sino de sumisión.

Esta carencia de reciprocidad sólo se puede contestar si se piensa las relaciones entre hombre/mujer como simétricas a las de amo/esclavo de la dialéctica hegeliana de la autoconciencia. Certains passages de la dialectique par laquelle Hegel définit le rapport du maître à l’esclave s’appliqueraient bien mieux au rapport de l’homme à la femme(p.114.II). En esta dialéctica la conciencia masculina es independiente porque asume el papel de lo esencial, mientras la conciencia femenina es dependiente porque encuentra su razón de ser en la conciencia libre del hombre. L’homme se pense sans la femme. Elle ne se pense pas sans l’homme(p.15.I). Según Celia Amorós, Beauvoir desarrollará sistemáticamente este tema en su libro: “la complicidad de la victima de la opresión en la medida en que no asume su propia emancipación como esfuerzo ético de autenticidad existencial”.[3]

Para Beauvoir, siguiendo los pasos establecidos por Lévi-Strauss en Las estructuras elementales del parentesco, todos los discursos forjados por las sociedades se han constituido bajo los parámetros de dualidad y alteridad: lo Mismo y lo Otro. Pero Beauvoir observa que en toda estructura dual los términos que la componen mantienen una relación de reciprocidad y relatividad entre ellos, menos en el caso del hombre y la mujer. Este hecho le lleva a preguntarse: “Comment donc se fait-il qu’entre les sexes cette réciprocité n’ait pas été posée, que l’un des termes se soit affirmé comme le seul essentiel, niant toute activité par rapport à son corrélatif, définissant celui-ci comme l’altérité pure ? Pourquoi les femmes ne contestent-elles pas la souveraineté mâle ? (p.17.I)

La segunda tesis se anuncia en la primera frase del segundo volumen: “On ne naît pas femme, on le devient (p.13.II). Anuncia con esta frase la eterna controversia en cuanto al origen de las diferencias entre los sexos: “La division des sexes est en effet un donné biologique, non un moment de l'histoire humaine. (p.19.I). Las diferencias sexuales y fisiológicas de la mujer en relación al hombre, las únicas incontestables, son descritas en el primer capítulo. En el tiempo de su publicación muchos fueron los que se burlaron de ella diciendo que habían aprendido muchas cosas sobre su útero, pero es cierto que en la diferenciación hombre-mujer no estamos hablando de diferencias religiosas, políticas, o geográficas, la primera gran diferencia es su sexo, por ello es preciso empezar por ahí.

Pero estas diferencias absolutamente objetivas han contribuido a otras totalmente subjetivas: “l'humanité se partage en deux catégories d'individus dont les vêtements, le visage, le corps, les sourires, la démarche, les intérêts, les occupations sont manifestement différents: peut-être ces différences sont-elles superficielles, peut-être sont-elles destinées à disparaître. Ce qui est certain c'est que pour l'instant elles existent avec une éclatante évidence. (p.13.I). Las niñas son formadas desde su más tierna infancia para que sean mujeres : dès ses premiers années sa vocation lui est impérieusement insufflée.”(p.14.II). De la misma manera que el hombre “apprend à encaisser les coups, à mépriser la douleur, à refuser les larmes du premier âge » (p.29.II), a la mujer « on lui enseigne la cuisine, la couture, le ménage en même temps que la toilette, le charme, la pudeur ; on l’habille avec des vêtements incommodes et précieux dont il lui faut être soigneuse, on la coiffe de façon compliquée, on lui impose des règles de maintien : tiens-toi droite, ne marche pas comme un canard ; pour être gracieuse elle devra réprimer ses mouvements spontanés, (…)bref, on l’engage à devenir, comme ses ainées, une servante et une idole ». (p.32.II)

De esto último se desprenden varias cosas. Por un lado, vemos que los hombres también se hacen, también se construyen como hombres y se espera de ellos que sean de una forma determinada. Pero para ellos la situación no es la misma puesto que se les educa como “primer sexo”. En cuanto a la mujer, vemos que aunque hoy en día la situación de la mujer tal y como la describe Beauvoir en estas líneas ya no es tan “desesperada”,  no cabe duda de que la forma de educar sigue siendo distinta según sea dirigida a un niño o a una niña. Beauvoir ya anunciaba cambios: “Aujourd’hui grâce aux conquêtes du féminisme, il devient de plus en plus normal de l’encourager à faire des études, à s’adonner aux sports ; mais on lui pardonne plus volontiers qu’au garçon d’y mal réussir » (p.32.II)

Y por supuesto, Beauvoir piensa que si no se hiciera de la mujer un objeto, si no se le inculcara que debe gustar, seducir, renunciar a su autonomía, si se la estimulara desde joven, si se le infundieran otros valores « elle pourrait manifester la même exubérance vivante, la même curiosité, le même esprit d’initiative, la même hardiesse qu’un garçon ” (p.30.II)

Y aunque ya no podemos decir que se eduque a la mujer exclusivamente para el matrimonio, encontramos en el libro afirmaciones que tienen cabida en la actualidad: “Une femme seule (…) est un être socialement incomplet, même si elle gagne sa vie » (p.228.II);  “La plupart des femmes, aujourd’hui encore, (y también hoy, en el año 2008) sont mariées, l’ont été, se préparent à l’être ou souffrent de ne pas  l’être” (p.221.II).

Aún así, ya en los años 50, Beauvoir ve que la evolución económica de la condición femenina está cambiando la forma de concebir el matrimonio: “il devient une union librement consentie par deux individualités autonomes” (p.221.II)

Beauvoir sabía que el trabajo sería primordial para la independencia de la mujer. Ya en 1898 Charlotte Perkins Gilman publicó Women and Economics, donde exponía que el principal obstáculo para el progreso de la mujer era su dependencia económica respecto al hombre: “Somos la única especie animal en la que la hembra depende del macho para su alimentación; la única especie animal en la que la relación sexual también es una relación económica[4] Decía que el hecho de contribuir económicamente en el matrimonio cuidando de los hijos y realizando las tareas domésticas, no la convertían en una socia igualitaria. Es más, gracias a las mujeres, el hombre producía más riquezas al no tener que efectuar tales labores. Por ello, según Gilman “(…) las mujeres eran factores económicos dentro de la sociedad, pero (…) tal y como son los caballos”. Para el hombre, la mujer era una propiedad privada más.

Beauvoir afirmaba que la emancipación económica era un paso esencial “c’est le travail qui peut seul lui garantir une liberté concrète” (p.597.II), pero no bastaba : “le travail aujourd’hui n’est pas la liberté” (p.598.II), “il ne faut pas croire qu’il suffise de modifier sa condition économique pour que la femme soit transformée”, aunque: ce facteur a été et demeure le facteur primordial de son évolution” (p.655.II). Beauvoir se une a Marx al afirmar que lo que debe cambiar es el sistema : “C’est seulement dans un monde socialiste que la femme en accedant à l’un s’assurerait l’autre” (p.598.II), pero “tant qu’il n’a pas entraîné les conséquences morales, sociales, culturelles, etc. qu’il annonce et qu’il exige, la femme nouvelle ne saurait apparaitre”. (p.655.II)

Las mujeres, al igual que los obreros enajenados que Marx describió, han sido excluidas de la economía, pero a diferencia de los obreros varones, a ellas además se las convence de que salen ganando: “en échange de sa liberté on lui a fait cadeau des fallacieux trésors de sa « féminité ”. Balzac a fort bien décrit cette manœuvre quand il a conseillé à l’homme de la traiter en esclave tout en la persuadant qu’elle est reine ” (pg 648. II) 

Para Beauvoir “La dispute durera tant que les hommes et les femmes ne se reconnaîtrons pas comme des semblables, c'est-à-dire tant que se perpetuera la feminité en tant que telle” (pg. 647 II). Y es en esta frase donde radica la esencia del problema. Mientras que la mujer sea algo distinto al hombre, complementario al hombre y se ensalcen esas diferencias en vez de buscar y apoyar lo que nos hace iguales, mientras nos construyan unos moldes de lo que es un hombre y una mujer, unos cánones a seguir queramos o no, no conseguiremos acabar con las diferencias.

 

Le Deuxième Sexe causó un fuerte impacto social entre las mujeres y a partir de él, en los años 60, empiezan a aparecer diferentes organizaciones y movimientos de carácter feminista. La forma interdisciplinar de la obra influye en este feminismo posterior ya que no se dedicará sólo a la reivindicación sino que indagará en todas las ciencias y disciplinas de la cultura y del conocimiento como lo hizo Beauvoir en este libro.

Pese a que han pasado más de 50 años de su publicación, algunas frases del libro parecen que han sido escritas ayer: “En presque aucun pays son statut légal (el de la mujer) n'est identique à celui de l'homme et souvent il la désavantage considérablement. Même lorsque des droits lui sont abstraitement reconnus, une longue habitude empêche qu'ils ne trouvent dans les moeurs leur expression concrète  (p.20.I)

Según Amalia Bernardini, en su artículo “Persona y género”: “Uno de los objetivos fundamentales del feminismo postmoderno francés es transformar el lenguaje, porque el uso de ciertas palabras se considera discriminatorio, ya que supone una aceptación inconsciente de los roles sociales dentro de una sociedad patriarcal o bien se pone implícitamente en segundo plano a la mujer, al aceptar que el masculino comprende los dos géneros. Se deberá entonces decir: “ellos y ellas”, “hombre y mujer”, “niños y niñas, e incluso, a veces se exagera con aplicaciones que terminan siendo grotescas, y no justificadas gramaticalmente, como “miembros y miembras”, “pacientes y pacientas”, etc.”[5]

Personalmente me parece una solemne tontería decir “miembra”. No creo que sean ese tipo de cosas lo que nos dé la igualdad que merecemos. La lengua es algo vivo que cambia continuamente pero que cambia al ritmo de la realidad, del mundo, de la sociedad. Si el mundo no cambia con ella, no nos sirve de nada. Rosa Montero señala que “se está perdiendo la palabra solterona de manera natural, porque se está quedando vacía socialmente[6]. Es ahí donde radica el avance, ¡y ya era hora!

Sin embargo los roles sexistas siguen inundando nuestras pantallas, educando a nuestros hijos en la diferencia: “las teleseries emitidas en España construyen personajes de ficción con elementos sexistas, discriminatorios y estereotipados” ya que las mujeres “en caso de alcanzar el éxito laboral es debido a su ambición (…) los personajes masculinos son líderes en sus grupos, ocupan puestos de mayor responsabilidad en sus trabajos y muestras más determinación en sus decisiones y actuaciones, mientras que las mujeres gobiernan en el ámbito privado, en sus hogares, son menos independientes y suelen ocupar espacios muy secundarios[7].

Un rancio machismo se ha puesto de relieve estos últimos meses en algunos medios de comunicación a raíz de la decisión del jefe del Ejecutivo de situar, por primera vez en la historia de España, a más mujeres que hombres en su Gabinete y a Carme Chacón, embarazada, en la cartera de Defensa.

Sin ningún pudor han saltado a los titulares frases como estas: Silvio Berlusconi: “Ese Gobierno es demasiado rosa. Tendrá serios problemas para gobernar con tantas mujeres”; Juan Manuel de Prada: “Para abastecer su Gabinete de tías, Zapatero ha buscado debajo de las piedras” y Antonio Burgos: “¿Les parece poco que una flamenquita llegue a ministra del Batallón de Mondistillas de ZP[8]

A estas frases tan elocuentes y a otras de la misma índole ha respondido Magdalena Álvarez en estos términos: “Del hombre que actúa con contundencia dicen que tiene carácter; una mujer con igual comportamiento, es una prepotente; cuando a un hombre le llaman exigente, a una mujer histérica[9]. Por lo que la frase de Beauvoir: “elle n’est pas considérée par la société avec les mêmes yeux ; l’univers se présente à elle dans une perspective différente ” (p.600.II), adquiere hoy toda su fuerza.

Las críticas que reciben las mujeres ministras no son del mismo nivel que las que reciben sus colegas varones. Y en palabras de Rosa Montero: “no sólo por la importancia desmesurada que se le da a su aspecto, todo ese parloteo que suele escucharse sobre si son guapas o feas que no suele escucharse sobre los hombres, sino por el tono paternalista y socarrón de la burla fácil[10]. Hay ministras que no lo hacen bien, de la misma forma que los hombres, pero no se les presta igual atención. “La verdadera igualdad- nos dice Rosa Montero- llegará cuando las mujeres podamos ser tan tontas como los hombres sin que resultemos llamativas”.

 

 

 

Beatriz Martínez Julia



[3] Celia Amorós. Tiempo de feminismo: Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad  

http://books.google.es/books?id=ahqVOP79u_AC&printsec=frontcover&dq=Tiempo+de+feminismo.&sig=ruBCVINiKWjIHdB9MU2pBmYto0c

 

[4] Citado en “Ruptura con el mito filosófico de la figura femenina en la cuentística de Olga Nolla y Miriam González Hernández”  Por Brenda I. Seda Ferrer

http://grad.uprm.edu/tesis/sedaferrer.pdf

[5] Amalia Bernardini. “Persona y género” . Comunicación, enero-junio, 2000/vol. 11, numero 002

http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/166/16611203.pdf

[6] Rosa Montero. “Ellas”. El País. Martes 17 de junio de 2008

[7] El Correo de Andalucía. Miércoles 18 de junio de 2008

[8] Frases publicadas en el periódico Público el domingo, 20 de abril de 2008

[9] Público.  Domingo, 20 de abril de 2008

[10] Rosa Montero. “Ellas”. El País. Martes 17 de junio de 2008

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Simone de Beauvoir. Le Deuxième Sexe. Tome 1, Les faits et les mythes. Tome II,

L’expérience vecue, Gallimard, Paris, 1949, renouvelé en 1976.

 

Nuria Varela. Feminismo para principiantes.

http://books.google.es/books?id=gFbBdr4E4DkC&pg=PP1&dq=nuria+varela+feminismo&sig=byZfsPttf9jIRL-0_TaB6LfUTz4

 

 

Celia Amorós. Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad

http://books.google.es/books?id=ahqVOP79u_AC&printsec=frontcover&dq=Tiempo+de+feminismo.&sig=ruBCVINiKWjIHdB9MU2pBmYto0c

 

 

Brenda I. Seda Ferrer. “Ruptura con el mito filosófico de la figura femenina en la cuentística de Olga Nolla y Miriam González Hernández” 

http://grad.uprm.edu/tesis/sedaferrer.pdf

 

 

Amalia Bernardini. “Persona y género” . Comunicación, enero-junio, 2000/vol. 11, numero 002

http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/166/16611203.pdf

 

 

 Helen Buss Mitchell. Raíces de la sabiduría

http://books.google.es/books?id=yQnSxOVEf4kC&printsec=frontcover&dq=raices+de+la+sabiduria&sig=uML8QrkEhxtp8hPPadjtlt__JpM

 

 

 Nieves Alberola Crespo. Voces proféticas: Relatos de escritoras estadounidenses de entresiglos

http://books.google.es/books?lr=lang_es&as_brr=0&q=+profeticas%3A+Relatos+de+escritoras+estadounidenses+de+entresiglos

 

ANTROPOLOGÍA. Poligamia

 

                                    LA POLIGAMIA

 

El otro día buscando información sobre la poligamia para este trabajo, me encontré con un blog en el que su dueño terminaba un artículo así: “Si con dos sueldos no llegamos, tendrán que ser tres. (…) Yo creo que con tres sueldos podríamos permitirnos salir al campo, de vez en cuando, e incluso plantearnos tener descendencia. Entre tres será más fácil “conciliar” el horario laboral con el familiar o como mínimo pagar la guardería. (…) Mi mujer y yo estamos ahora discutiendo si ha de ser hombre o mujer el tercer componente. Los argumentos para que sea un hombre son sólidos: su sueldo será probablemente mejor, y no hay posibilidad de partos múltiples. Pero yo insito en que dos hombres juntos puede hacer aumentar el caos y la suciedad en nuestro hogar. En fin, al final, mientras traiga dinero a casa y vaya limpio que me echen lo que sea”[1].

Lo que describe este señor en tono de divertido es, a mi modo de ver la esencia de la poligamia. Hay costumbres que han sido construidas con una finalidad específica. En nuestra sociedad occidental quizás no comprendamos la poligamia porque no nos hace falta. La mujer es independiente y no necesita del hombre, pero en otras sociedades sí.

Según Peter Winch, citado por Andrés Piqueras: “ningún elemento tomado de una cultura puede ser evaluado o aplicado fuera de ella, en una asunción del relativismo a ultranza. O lo que es lo mismo, que cualquier empleo o valoración extracontextual de un elemento cultural es un ejercicio de etnocentrismo[2]”. Esta afirmación no me cuadra en todos los casos. Si bien puedo comprender ciertas costumbres como la poligamia, no puedo estar de acuerdo con otras como la ablación. 

La poligamia surgió en su momento por diversas causas. En muchas sociedades lleva implícito un sentido de solidaridad, pero también sirve como estrategia para asegurar el relevo generacional, (por ejemplo en la época de la trata esclavista debido a la preferencia de los esclavistas por los hombres y la alta mortandad masculina debida a las guerras internas). Cuestiones económicas, culturales o simplemente la búsqueda -de un modo no muy convencional- de tener más libertad hacen que el 10,6% de las egipcias esté dispuesta a compartir a su marido.

He visto documentales en los que las co-esposas no tenían ningún problema entre ellas. Si admitimos que en esas sociedades el matrimonio no es una cuestión de amor sino, un compromiso económico, no tienen por qué existir los celos entre las esposas. Lo que he visto es ayuda, cohabitación pacífica, apoyo. Y sí, quizás por eso sea difícil de entender en nuestra sociedad, tan individualista, que se ha olvidado hasta de la solidaridad familiar. No es raro ver que un hermano que mantiene un buen nivel de vida, no ayude al otro que tiene problemas, ya que cada uno tiene que luchar por sí mismo por su supervivencia.  Los africanos (sin querer dar una visión idílica del asunto, ya que también podría encontrar muchos peros a muchas de las situaciones que crea el tener que ayudar a la familia) no han perdido “todavía” esa noción de ayuda a un familiar, aunque sea lejano.

La lucha en occidente contra estas prácticas (teóricamente en nombre de la igualdad de los sexos y de la dignidad de las mujeres) ha llevado a consecuencias contrarias ya que algunas de las medidas adoptadas hieren en primer lugar a las mujeres, y a continuación los niños. La ley Pasqua de 1993, introdujo numerosas restricciones de derechos para los extranjeros polígamos y sus familias en Francia. El Consejo de Estado arremetió un poco más en 2003 contra los polígamos rechazándoles la renovación automática de la tarjeta de residente. Los problemas derivados de esta situación (segunda mujer sin papeles, sin poder trabajar ni acceder a la seguridad social, algunas repudiadas y expulsadas del domicilio conyugal, etc) no quieren ser vistos por las autoridades.

Así pues, queriendo luchar contra la poligamia, se olvidan de muchas cosas. ¿Qué futuro les espera a estos niños cuyos padres, si no son expulsados, no podrán trabajar y no se beneficiarán de ninguna protección social? ¿Qué ocurre con los derechos del niño de vivir con sus dos padres y a no separarse ellos? Los principios, aquí, sirven de coartada a una política que sólo tiene un objetivo: reducir el número de extranjeros que residen en Francia, y sobre todo, rechazar el derecho de la estancia a las categorías de extranjeros presuntamente menos asimilables. Así, lo único que se consigue es crear situaciones humanamente inaceptables, agitando ante la opinión pública el espectro de la poligamia como si se tratara cuantitativamente de un problema importante. Si quisieran estimular la xenofobia, no lo habrían hecho mejor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                            Beatriz Martínez Julia

 

ANTROPOLOGÍA. La Identidad

Colores que nos separan

 

“La diversidad no es un mal, sino un bien,

la cual es necesaria no sólo para el avance del conocimiento

sino también para el desarrollo de nuestra individualidad”[1].

 

 

En una estancia en Londres conocí a una chica de unos 16 años, Biova, que me impactó por su inteligencia, su desparpajo, su frescura y su manera de expresar sus sentimientos. Me contó que era hija de una abogada francesa y de un ingeniero togolés. Estudiaba en uno de los mejores institutos de París, “Henri IV”, y era una alumna que resaltaba no sólo por el hecho de ser la única negra del instituto, sino por sus brillantes notas. Pero no consigo olvidar su expresión de asombro mezclada de burla cuando me dijo: “Yo no soy ni blanca, ni negra. En Togo dicen que soy blanca y me tratan de una forma especial, y en Francia dicen que soy negra y por mucho que mis notas sean mejores que la media del instituto nunca seré como ellos. En realidad, no sé lo que soy”.

Muchos son los hijos de inmigrantes que se sienten así. En sus casas les hablan de una cultura que no conocen y que quizás no les permita integrarse de lleno en la que les rodea. Para sus compañeros de clase no son de aquí, aunque hayan nacido en España, por el simple hecho de tener padres extranjeros. Incluso he oído comentarios de profesores, acerca de un alumno con apellido marroquí, diciendo que “no habla bien español” y que “tiene muchas faltas de ortografía” (como si los “auténticos” españoles, los de “pura cepa” hablaran o escribieran mejor).

En Francia, donde la inmigración no es de fecha reciente, como en España, el racismo sigue estando omnipresente (sin duda un poco menos brutal) entre los ya nacidos en Francia. Los padres, en el mejor de los casos, siguen siendo considerados "indígenas" que jamás estarán en igualdad total con los otros trabajadores. Las secuelas de la guerra de Argelia no se apagaron con el alto al fuego del 19 de marzo de 1962. El norteafricano todavía es alguien al que hay que “civilizar”. Los niños nacidos de estas familias inmigrantes se encuentran confrontados a discriminaciones en todos los terrenos: escolares, familiares, económicos, tienen problemas a la hora de encontrar un trabajo, una vivienda; el simple hecho de llamarse Hassan, Rédouan o Aisha les dificulta la vida de cada día. (No es raro que para obtener unas prácticas, una entrevista de trabajo o un contrato, se “afrancese” el nombre y mejore así sensiblemente el número de respuestas). Tampoco hay que olvidar que los controles policiales son más frecuentes y menos corteses cuando la faz revela un origen colonial. Y no hay que dejar atrás la falta de raíces, lo que les hace sentirse extranjeros por doble partida: en este país que no los quiere (Francia); y en el de sus padres, que no es el suyo propio, ya que la mayoría, ni siquiera lo conocen.

Pedro Gómez diferencia dos identidades: “puede significar la permanencia de las características de uno mismo con relación a sí mismo (suponemos que en momentos diferentes del tiempo); o bien la exacta semejanza de las características de uno con respecto a las de otro (en tiempos o espacios diferentes). En el primer caso, la identidad de uno es lo que lo constituye a diferencia de otros, es decir, lo que otros no comparten; en el segundo, es lo que tienen en común uno y otro u otros, o sea, lo que todos comparten[2]. Tengo una hija mitad camerunesa, mitad española. Me gustaría educarla de tal forma que no intente ser una cosa u otra. Me gustaría que mi hija atienda a sus propias características, que cree su identidad conforme a sí misma, creo que quizás así no llegue a tener los problemas de identidad de Biova. Quiero que integre en su personalidad los rasgos suyos propios sin echar mano de ideas preconcebidas de lo que es un español o un camerunés. Quiero que el hecho de tener presentes dos culturas sea algo que enriquezca su vida, que le abra la mente, que la haga tolerante, que le dé seguridad. Para mí siempre ha sido una riqueza pero recuerdo el comentario de una amiga al saber que mi pareja era negra y que pensábamos tener un hijo: “¿No te das cuenta que tener hijos mestizos es traerlos al mundo ya con un problema?” Llamaba problema el hecho de tener la piel más oscura.

Pedro Gómez García también nos explica que la teoría subjetivista de la identidad étnica estriba en la «conciencia de identidad». Es decir, al creerse diferentes de los “otros” los hombres se agrupan. “El secreto de la etnicidad, su quintaesencia, radica en la “conciencia de pertenencia” a una comunidad étnica singular, o bien en el “sentimiento de pertenencia” y adscripción, con lo que las raíces se hunden en lo inconsciente.” Quizás por eso, mi amiga Biova no consigue sentirse ni una cosa ni otra. No puede sentirse togolesa ya que su cultura es, en mayor parte, francesa. Pero tampoco consigue entrar en el molde francés ya que desde fechas inmemoriales los franceses no son negros y lo que es peor, porque ante su color de piel sus compatriotas le recuerdan constantemente que no es “totalmente” francesa.

Para Kottak, la identidad cultural viene a ser “todos aquellos rasgos culturales que hacen que las personas pertenecientes a un grupo humano y a un nivel cultural (...) se sientan iguales culturalmente”. Biova se siente culturalmente igual que los franceses. Quizás no tenga el mismo color que los franceses de “souche”, pero su cultura es la misma. Y aún así, sus propios congéneres, no la dejan sentirse parte de ese país.

Gómez García apunta que  pudiera ocurrir que eso (la conciencia de identidad) carezca de otro fundamento que no sea la propia creencia[3]. O sea, que sólo sea una construcción cultural, algo que nos quieren inculcar, y que sólo sirve para separar. Y propone, y eso es lo que más me gusta: “¡Desarrollemos la conciencia y el sentimiento de pertenencia a la especie humana, y seremos todos una sola etnia!”[4] .

 



[1] Luis Rodríguez. “Una visión científica disidente o el anarquismo epistemológico de Paul K.Feyerabend”

http://www.eutsi.org/kea/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=415

[2] Pedro Gómez García (coord). Las ilusiones de la identidad. Cap. 2. “Las desilusiones de la identidad. La etnia como seudoconcepto”. Pg 30

http://books.google.es/books?id=hwTMDJLW6XgC&pg=PA29&lpg=PA29&dq=la+identidad+una+idea+confusa&source=web&ots=lc_4v4VaIK&sig=GvcA19pyDPObq-wDCzfaFe12Qrw&hl=es#PPA38,M1

[3] Pedro Gómez García (coord). Las ilusiones de la identidad. Cap. 2. “Las desilusiones de la identidad. La etnia como seudoconcepto”. Pg 43

http://books.google.es/books?id=hwTMDJLW6XgC&pg=PA29&lpg=PA29&dq=la+identidad+una+idea+confusa&source=web&ots=lc_4v4VaIK&sig=GvcA19pyDPObq-wDCzfaFe12Qrw&hl=es#PPA38,M1

[4] Ídem

Filosofía y Ciencia

FILOSOFÍA Y CIENCIA

 

 

 

 

 

“La ciencia no es por sí misma garantía de nada,

porque a sus realizaciones les son ajenas las preocupaciones éticas”

Ernesto Sábato

 

 

 

 

La sociedad actual está determinada por la ciencia y la tecnología. En épocas anteriores el mundo era menos complejo y la religión o la filosofía bastaban para interpretarlo. Hoy, cualquier imagen que nos hacemos de él se basa en primer lugar en datos científicos. En una conversación ordinaria, decir que algo es científico asegura su prestigio y veracidad.

 

 

La ciencia: ¿una religión?

 

El heliocentrismo de nuestro sistema planetario, la redondez de la tierra, los ataques a Mendel y Darwin…la historia está llena de ejemplos de intolerancia hacia la ciencia. La ciencia, hasta los siglos XVII y XVIII, sufrió la intolerancia, pero se podría decir que después se tornó ella misma omnipotente e intolerante.

Hoy en día, aunque la sociedad y sus instituciones son criticadas continuamente, la ciencia queda exenta de casi toda crítica, pues para la sociedad en general el juicio del científico es recibido con la misma reverencia con que no hace mucho se aceptaba el de los obispos y cardenales. La ciencia se ha vuelto hoy tan opresiva como las ideologías contra las que tuvo que luchar y quiere llegar a reemplazar las religiones, contradiciendo su propia naturaleza.

Como bien apunta Ernesto Sábato, “A lo largo de los siglos XVIII y XIX (…) la ciencia se había convertido en una nueva magia y el hombre de la calle creía tanto más en ella cuanto menos iba comprendiéndola[1]. Es más, la humanidad, en su mayoría, estaba convencida de que, con su ayuda la solución a los problemas que la aquejaban iba a llegar pronto. Es en ese mismo contexto en el que aparecen las figuras de culto, los científicos, gozando de la misma veneración que tuvieron, o tienen aún, los sacerdotes.

La ciencia hoy en día tiene todas las características de una religión llamada cientificismo. Se enseña con el mismo valor de verdad que los dogmas de fe religiosos, sin ningún tipo de cuestionamiento a la actividad científica.

 

La ciencia: ¿un sólo camino?

Paul K. Feyerabend, epistemólogo anarquista, considerado anticientífico, pensador crítico, irónico y subversivo desarrolló agudas reflexiones sobre el papel de la ciencia en la sociedad contemporánea.  La idea de un método que contenga principios firmes, inalterables, y absolutamente obligatorios que rijan el quehacer científico tropieza con dificultades considerables al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica. (…) no hay una sola regla, (…) que no sea infringida en una ocasión u otra[2]. Muchas teorías surgieron, además, contraviniendo, explícita o implícitamente, reglas metodológicas generalmente aceptadas.

Así que las cosas no son como las plantea el método científico, pues si uno se quiere afirmar únicamente en el camino recorrido por otros nunca va a encontrar explicaciones nuevas a preguntas sin respuestas, o con respuestas erróneas.

El gran desarrollo de muchas disciplinas científicas ha obligado a los filósofos de la ciencia a hablar de “métodos”, donde antes se hablaba de “método”. La idea heredada de la física clásica de que todo es reducible a expresiones matemáticas ya no es admitida. No podemos identificar un método único y universalmente válido.

Según Popper, el conocimiento científico no avanza confirmando nuevas leyes, sino descartando leyes que contradicen la experiencia. A este descarte Popper lo llama falsación. El criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de la verificabilidad, sino el de la falsabilidad de los sistemas. Dicho de otro modo: no exigiré que un sistema científico pueda ser seleccionado, de una vez para siempre, en un sentido positivo: pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio de contrastes o pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema científico empírico[3].

De acuerdo con esta nueva interpretación, la labor del científico consiste principalmente en criticar (acto al que Popper siempre concedió la mayor importancia) leyes y principios de la naturaleza para reducir así el número de las teorías compatibles con las observaciones experimentales de las que se dispone.

 

 

La ciencia: ¿manipulación del poder?

  Según Feyerabend la ciencia se ha transformado y se ha asentado como una única verdad, inalterable e infalible. Muchas veces además es impuesta por la fuerza, como en el caso de los países no occidentales donde se llegaron a exterminar otras formas de saber. Por otro lado, las comunidades científicas han perdido incluso su relativa autonomía de antaño en otras épocas, ahora dependen de la gran industria y de la política científica del Estado correspondiente. Existe una ciencia aplicada que puede generar grandes beneficios económicos a la empresa patrocinadora o como en el caso de ciencia amarrada con el Estado que suele tender a priorizar determinadas líneas de investigación, dando lugar a que el progreso científico sólo vaya en algunas y determinadas direcciones.

Algunos filósofos, entre ellos Popper, han afirmado que la ciencia es esencialmente conocimiento público; pero si matizamos un poco más, la ciencia no es conocimiento público sino más bien un gran secreto muy bien administrado por los Estados. Muchas veces se ha dicho que el científico sirve fundamentalmente a la humanidad, pero la verdad es que verdaderamente la ciencia, parida desde los mismos centros de poder, se usa principalmente para el bienestar de los que están en el poder y para afianzar las relaciones de dominación sobre los países dominados. En cuanto a la ciencia se refiere, su dependencia del capital y poder político ha sido una constante histórica. Muchas de las producciones científicas son financiadas por laboratorios comerciales, multinacionales, que luego las utilizan para vender los específicos que financiaron la investigación. Es un hecho antiético conocido por todos pero que casi nadie, por esa reverencia a la medicina y a la ciencia, se atreve a criticar y a denunciar. Diría Marcuse: “La racionalidad técnica y científica y la manipulación están soldadas en nuevas formas de control social».

Es totalmente erróneo suponer que la objetividad de la ciencia depende de la objetividad del hombre de ciencia. Y es totalmente erróneo creer que aquel que practica las ciencias de la naturaleza sea más objetivo que aquel que practica las ciencias sociales[4]. Y de la misma forma, podríamos pensar que el hombre de ciencia no tiene porque ser tampoco más ético…

 

La ciencia: ¿mata?

Esta manipulación por parte del poder de la que acabamos de hablar hizo que, en el Tercer Reich, la medicina y la ciencia quedaran sometidas al control político, poniendo a disposición del régimen instrumentos para el dominio sobre los más vulnerables.

De esta manera, la Biología y la Medicina fueron usadas en los años treinta para cometer todo tipo de atrocidades con pacientes – niños, enfermos mentales, pacientes de difícil recuperación - considerados en la época como “bocas inútiles”, “vidas sin valor”. El nuevo principio era “matar para curar” y reportó beneficios a los profesionales que fueron cómplices del régimen totalitario. Los científicos alemanes-nazis comenzaron a sentirse los líderes de la ciencia, descalificaron cualquier otro tipo de conocimiento y cultura y llegaron a la violación de la ética y de cualquier principio.

En